El estudio Haram Haram redefine el tatuaje como experiencia ritual mediante un diseño inspirado en el desierto y la cultura beduina, combinando materiales, color y recorridos espaciales envolventes
El estudio de tatuajes y espacio artístico Haram Haram, situado en el barrio de Little River en Miami (Estados Unidos), ha sido concebido por el estudio estadounidense Chimera Design como una experiencia profundamente sensorial. El proyecto se inspira en las formas orgánicas de las dunas desérticas y en la atmósfera íntima de las tiendas beduinas, trasladando estas referencias a un lenguaje espacial contemporáneo.
Encargado por la artista libanesa-indonesia Natashia El-Badewi, el espacio nace con la intención de transformar la percepción del tatuaje, elevándolo a una práctica ceremonial cargada de significado. El propio nombre del estudio, Haram Haram, hace referencia a una palabra árabe de doble lectura “prohibido” y “sagrado”, un concepto que se materializa en una arquitectura que juega constantemente con la dualidad entre lo privado y lo público, lo íntimo y lo colectivo.
La secuencia espacial se articula mediante arcos, nichos y formas curvas que guían al visitante a través de un recorrido progresivo, casi ritualizado, desde las áreas más abiertas hasta zonas de mayor recogimiento. Esta transición se refuerza mediante una cuidada paleta cromática y la incorporación de elementos constructivos suaves que eliminan la rigidez habitual de las particiones interiores.
En la entrada, un muro escultórico enlucido introduce el lenguaje del proyecto: volúmenes escalonados, asientos integrados, nichos para velas y una pequeña jardinera con un árbol central. Sus tonos arenosos y formas onduladas evocan directamente el paisaje de dunas, mientras que las barandillas curvilíneas en blanco roto refuerzan la continuidad visual.
La planta inferior incorpora una zona de reuniones envuelta en intensos tonos granada, concebida para evocar tanto la tradición cultural como la calidez textil de las tiendas beduinas. Alfombras, faroles y objetos tradicionales conviven con mobiliario contemporáneo, generando un diálogo entre herencia y modernidad. Este mismo lenguaje se extiende al aseo, donde materiales nobles como la piedra rosada y el cobre antiguo refuerzan la dimensión artesanal del conjunto.
En la planta superior, los puestos de tatuaje se organizan mediante cortinas translúcidas en tonos naranja tostado, que sustituyen tabiques rígidos y permiten una percepción fluida del espacio. Este recurso textil aporta privacidad sin romper la continuidad visual, consolidando la idea de ritual personal.
El resultado es un entorno donde la arquitectura interior actúa como mediadora entre arte, cuerpo y experiencia, consolidando un espacio profundamente personal y expresivo en el contexto creativo de Miami.
Fotografía de Jeanne Canto
Arquitectura emocional: el nuevo lenguaje del tatuaje en Miami








