La Casa de la Juventud de Alcalá de Guadaíra transforma el antiguo mercado en un nuevo espacio público: una arquitectura abierta que aprovecha la topografía, incorpora una cubierta habitable y conecta plazas, recorridos y actividades para devolver suelo urbano a la ciudad
El centro histórico de Alcalá de Guadaíra presenta una trama urbana densa y compacta, con una presencia limitada de espacios libres capaces de acoger la vida colectiva. En este contexto, la transformación de la parcela ocupada por el antiguo mercado planteaba una oportunidad que iba más allá de la construcción de un nuevo equipamiento: abrir la manzana e introducir un espacio público en el interior de la masa edificada de la ciudad.
La Casa de la Juventud diseñada por los estudios Retuerto Arquitectos y Dunar Arquitectos parte de esta voluntad. Frente al carácter cerrado de la edificación preexistente —el antiguo mercado de abastos—, el proyecto propone un lugar abierto, accesible y atravesable, capaz de conectar las distintas cotas del entorno e incorporarse a la red de espacios públicos del centro urbano.
LA TOPOGRAFÍA COMO INSTRUMENTO DE PROYECTO
La acusada pendiente de la parcela constituye el principal condicionante de la intervención y, al mismo tiempo, su mayor oportunidad.
La plataforma situada en la cota ±0,00 m coincide con el nivel más elevado del entorno. Desde ella se accede sin desnivel a una plaza ajardinada que constituye, al mismo tiempo, la cubierta del edificio. La construcción queda así parcialmente integrada bajo el espacio público, conserva las relaciones visuales con la ciudad y evita levantar una nueva barrera dentro de la trama urbana.
En la cota −4,20 m se sitúan los principales espacios de la Casa de la Juventud y una segunda plaza. Grandes cerramientos acristalados practicables permiten relacionar ambos ámbitos y prolongar las actividades interiores hacia el exterior cuando el programa y las condiciones climáticas lo permiten.
En la cota −7,90 m se dispone el aparcamiento, conectado directamente con el edificio y con los distintos niveles del conjunto. Su posición reduce la presencia de los vehículos desde el exterior y permite resolver el acceso rodado sin interferir en los principales recorridos peatonales.
Rampas ajardinadas, escaleras y ascensores enlazan las tres plataformas. Estos elementos no se entienden únicamente como sistemas de comunicación, sino como una parte más del espacio público. Los recorridos se cruzan, se ensanchan y ofrecen distintas posibilidades de acceso, de manera que las cotas nunca se perciben como lugares independientes, sino como fragmentos de un único espacio continuo.
HABITAR LA CUBIERTA
Con demasiada frecuencia, las cubiertas de los edificios se conciben como superficies residuales destinadas exclusivamente a albergar instalaciones, equipos técnicos o sistemas de captación energética. El resultado es un paisaje elevado, árido, inaccesible y ajeno a la vida cotidiana, a pesar de constituir una parte considerable de la superficie disponible en nuestras ciudades.
La Casa de la Juventud propone una alternativa a este modelo. La cubierta deja de ser el final del edificio para convertirse en un nuevo suelo urbano: una plaza ajardinada, accesible y habitable que prolonga los recorridos de la ciudad sobre la arquitectura.
La vegetación acompaña los recorridos y las zonas de estancia, mejora las condiciones ambientales y contribuye a suavizar la presencia de la construcción. La cubierta se convierte así en un pequeño paisaje urbano elevado y devuelve a la ciudadanía una superficie equivalente a la ocupada por el edificio.
El proyecto no solo libera la antigua parcela del mercado, sino que multiplica su capacidad de uso al superponer diferentes niveles de actividad pública.
ABRIR LA MANZANA
La geometría del conjunto surge de su adaptación a la topografía y a las diferentes condiciones de sus bordes. Las plataformas se curvan, se retranquean o se abren para evitar grandes frentes construidos y establecer una relación específica con cada punto del entorno.
En el frente donde se concentra el mayor desnivel, los planos se curvan hacia el interior de la parcela para ampliar visualmente el espacio urbano y evitar la aparición de muros de gran altura. En este nivel se sitúa uno de los accesos principales a la plaza inferior y se resuelve también la entrada al aparcamiento.
En el borde lateral, más construido, un pasaje abierto atraviesa el conjunto y organiza el acceso a las aulas y dependencias de la Casa de la Juventud. La cafetería ocupa una posición intermedia y participa tanto de la actividad interior como de la vida del espacio público.
Desde la cota inferior, el escalonamiento y el retranqueo de las plataformas permiten percibir las distintas plazas y recorridos. Incluso desde el punto más bajo, el edificio evita presentarse como una fachada cerrada y manifiesta su condición de lugar abierto y accesible.
El agua y la vegetación acompañan esta relación con el entorno. Los surtidores nacen en la cota de la Casa de la Juventud y asoman sutilmente por encima del borde superior, haciéndose visibles desde el espacio urbano. La solución mantiene el sonido, el movimiento y la presencia cambiante del agua planteados en la propuesta inicial, aunque mediante una intervención más contenida e integrada en la plaza.
UN PROGRAMA CAPAZ DE TRANSFORMARSE
La organización interior del edificio distingue entre aquellos ámbitos que necesitan permanecer cerrados y controlados —administración, instalaciones, almacenes, aseos o el aula de informática— y aquellos otros que pueden funcionar de una manera más abierta y flexible.
La sala de usos múltiples, el aula multiusos, las aulas de música y el aula de teatro pueden relacionarse entre sí y con el vestíbulo mediante cerramientos practicables. Dependiendo de la actividad, estos espacios funcionan de forma independiente o se agrupan para generar ámbitos de mayor dimensión.
La apertura de las fachadas acristaladas permite, además, extender los usos interiores hacia la plaza inferior. De este modo, los aproximadamente 870 m² del programa de la Casa de la Juventud pueden vincularse a los espacios exteriores y formar un conjunto de cerca de 3.000 m² disponibles para actividades culturales, formativas, recreativas y sociales.
La plaza no constituye, por tanto, el espacio residual que queda alrededor del edificio, sino una parte fundamental de su programa. La Casa de la Juventud puede funcionar simultáneamente como equipamiento, plaza, escenario, lugar de reunión y soporte para acontecimientos colectivos.
PAISAJE, TRANSPARENCIA Y PROTECCIÓN
La elección de los materiales refuerza la continuidad entre arquitectura, espacio público y paisaje.
Las plataformas horizontales e inclinadas se construyen mediante estructuras de hormigón armado texturizado, sobre las que se disponen las cubiertas vegetales y las superficies transitables.
Las fachadas combinan jardines verticales con grandes carpinterías de vidrio. La transparencia permite que la actividad interior forme parte de la vida de las plazas y mantiene una relación constante entre las aulas, los recorridos y el exterior.
Una envolvente de chapa ondulada microperforada se dispone entre las franjas de hormigón armado, protege los paños acristalados y permite regular la luz, la privacidad y la seguridad sin renunciar a la permeabilidad visual.
Más que un volumen cerrado, la Casa de la Juventud se plantea como una infraestructura urbana disponible: una arquitectura abierta que sustituye una ocupación compacta por un nuevo vacío colectivo, conecta niveles antes separados y transforma la cubierta en un lugar de vida.
Se trata de una intervención que abre la manzana, amplía el espacio público y ofrece a los jóvenes un lugar visible desde el que participar en la vida de la ciudad.
Casa de la Juventud de Alcalá de Guadaíra: nuevo suelo público para la ciudad








