Planteada como un interiorismo de carácter teatral, la distribución, diseño y decoración de la reforma de este piso en el madrileño barrio de Puerta del Ángel propone una experiencia doméstica basada en la identidad propia de cada estancia

Vista general de la zona del salón con la estantería de obra revestida de azulejo negro brillante
Este proyecto de reforma en plena capital nace de la sencilla idea de sorprender. El cliente tenía la premisa clara de una vivienda con planta fragmentada y espacios independientes que diesen intimidad a cada una de las estancias de la vivienda, algo opuesto a la búsqueda de la amplitud y la fluidez entre los espacios que buscan cada vez más los clientes actuales.
Sin embargo, esta premisa genera en Emiliano Domingo, fundador de Bardo Arquitectura la necesidad de buscar el modo de articular el proyecto, algo que finalmente encuentra en la presencia de un patio propio que le permitía dotar a la vivienda de una circulación continua desde la concepción de los espacios como una secuencia de estancias concatenadas pensadas para generar sorpresa a lo largo de su recorrido.

Planta de distribución de los espacios interiores de la vivienda
Esto permite que la casa no se ofrezca de golpe, sino que se abra por capas. Para ello, el hilo conductor del proyecto, la sorpresa, se materializa en un polimetacrilato en verde ácido fluorescente que se convierte en algo imposible de ignorar y que, a su vez, resalta algo que resultaba inamovible en el proyecto, el pilar y la viga de hormigón que sustentan el edificio y la vivienda en si mismos.
Gracias a ello convierte los problemas en actores de la escena que generan umbrales, filtran la luz, generan reflejos y convierten cada paso entre estancias en una transición escenográfica. Este polimetacrilato atraviesa la vivienda como reminiscencia del pasado, como elemento que perdura dentro de algo que claramente ha sido alterado mediante el diseño, convirtiéndose de manera simultánea en estructura, decorado, límite y membrana.

Espacios de transición entre las estancias con la estructura cubierta de polimetracrilato como conductor
La secuencia espacial se refuerza mediante un uso expresivo del color y la materia, donde cada espacio construye su propia atmósfera sin perder la continuidad del conjunto.
El salón se convierte en el epicentro del proyecto en el que conviven elementos de diseño y mobiliario con obras de arte y estanterías integradas que contrastan gracias al empleo de azulejos cerámicos en negro brillante que generan un espacio que no se entiende en un solo vistazo, sino que se completa en base a sumas de elementos meticulosamente estudiados.

Espacios de transición y distribución entre salón, comedor y el resto de la vivienda
Ubicado en el mismo espacio que el salón, pero concebido de una manera diferente, encontramos el comedor. En él, una pared curva panelada en DM lacado en color berenjena actúa como telón de fondo. Se trata de un gesto rotundo que hace las veces de telón de fondo y elemento divisorio de estancias, dejando de ser un mero elemento decorativo para convertirse en arquitectura.

Pared curva panelada que hace de telón de fondo y división de espacios en el comedor
La cocina se concibe como una reinterpretación contemporánea del espacio doméstico tradicional, donde el orden geométrico se contrapone a la ondulada encimera de piedra natural y la fuerza cromática del azul del mobiliario. De esta manera, el espacio introduce una lectura casi topográfica del plano de trabajo de la cocina, transformando un elemento funcional en un gesto arquitectónico.

Espacio de la cocina con contrastes geométricos y elementos de mobiliario de diseño propio
El dormitorio principal se descubre desde el salón a través del marco de polimetacrilato que envuelve la estructura del edificio, generando un contraste inmediato y deliberado frente a lo recogido e íntimo del dormitorio. Se trata pues de un dormitorio que funciona como los espacios de transición que Bardo ha distribuido por toda la vivienda.

Vista del dormitorio del salón a través de la estructura revestida y detalle de la hornacina
Los baños, próximos en distancia, pero distantes en carácter, se separan en extremos opuestos del relato cromático de la vivienda, funcionando como pares de contrastes.
Mientras que el baño de invitados ha sido concebido como una cápsula de microazulejo blanco que tapiza la práctica totalidad de su interior siguiendo una curva que hace desaparecer los bordes y las esquinas, el baño en suite del dormitorio principal se concibe mediante tonos terrosos, superficies continuas y la calma como estrategia. Dos espacios diferentes entre si pero coherentes ambos con la vivienda.

Baño de invitados revestido de microazulejo blanco y baño en suite en tonos terrosos
Ubicado como un último filtro entre el espacio interior y el exterior de la vivienda se ubica el estudio, una pieza neutra en la que los elementos de mobiliario y decoración muestran la transición hacia el espacio exterior que se convierte en uno de los puntos más relevantes de la vivienda y al que se accede tanto desde la cocina como desde este espacio de estudio y transición.

Espacio de estudio y zona de terraza con la ducha revestida de ikat de cerámica a modo de elemento pictórico
Ya en el exterior, la paleta de colores varía de manera drástica hacia los tonos terrosos que nos encontramos en el espacio previo de estudio. Se trata pues de un cromatismo que se acentúa con materiales porosos y la vegetación que acentúa el espacio.
El calor de las tardes de verano madrileñas se combate gracias a una estructura de perfiles y lamas horizontales que permiten filtrar la luz, generando un espacio que transita a caballo entre el interior y el exterior. Además, la ducha revestida de ikat de cerámica convierte este elemento funcional en una pieza pictórica que completa un espacio que se mueve entre lo mineral y lo vegetal.

Espacio exterior de la terraza cubierto con una estructura metálica con lamas
El resultado del conjunto es una vivienda que no se entiende como una suma de habitaciones, sino como una experiencia espacial continua. Una casa concebida como un recorrido, donde cada estancia es una escena y cada transición, un momento. Una arquitectura que se recorre, se descubre y se vive como un relato, en el que la sorpresa no es un gesto puntual, sino la esencia misma del proyecto.
Fotografías de German Saiz
Casa Macedonia, por Bardo Arquitectura









