El año 2026 se está convirtiendo en uno de los más trágicos para nuestros bosques, reservas naturales y pueblos en cuanto al fuego se refiere. Los incendios acaecidos hasta la fecha han sido capaces de arrasar con todo lo que encontraban a su paso sin encontrar oposición alguna

Vecinos observando el avance de las llamas en los incendios de este año (© Diario de avisos | El Español)
Desde el punto de vista de la arquitectura, y sobre todo del arquitecto, proyectar una vivienda cerca o en plenos entornos naturales ofrecen un sinfín de beneficios no solo para el cliente, sino para el diseño en sí mismo. Sin embargo, frente a ventajas como el aire puro, la conexión directa con el medio natural o la belleza de las vistas desde el interior de los espacios, nos encontramos con los riesgos, cada vez más reales, asociados a los incendios forestales.

Casa en Rojo, diseñada por Estudio Entresitio en el Pantano de San Juan (© Nuevo Estilo | Rolande Halbe)
Es aquí donde entra en acción la interfaz urbano-forestal, o WUI debido a sus siglas en ingles. Si bien es cierto que gran parte de los territorios que han sucumbido a las llamas en estos últimos años corresponden a zonas de núcleos rurales ya consolidados, la realidad es que el avance de lo urbano sobre lo natural en zonas de España, California, Chile, Argentina o Francia genera una fragmentación que incrementa la vulnerabilidad de comunidades enteras.

Viviendas destruidas tras los incendios de Ourense en 2025 (© Greenpeace |Pedro Armestre)
Este interfaz urbano-forestal (WUI) describe la frontera donde los nuevos barrios y urbanizaciones colindan con grandes zonas naturales y boscosas, convirtiéndose en el punto más caliente de los incendios, donde la llama puede pasar de afectar a la vegetación y el entorno natural a afectar a hogares y vidas.

El Castelo de Monterrei cercado por las llamas en 2025 (© Greenpeace |Pedro Armestre)
A este crecimiento del número de hogares y viviendas próximos a los entornos naturales, se le debe sumar el incremento en el número de incendios, los cuales han dejado de ser un riesgo esporádico para convertirse en una lamentable costumbre de nuestros veranos. La búsqueda de la vida en entornos naturales y la necesidad incipiente del contacto directo con la naturaleza para desconectar del estrés diario de nuestras rutinas, han llevado a un aumento del número de viviendas en estos entornos WUI, generando proyectos de rápido desarrollo y baja planificación a largo plazo de los riesgos avenidos.

La vivienda Valdelandes, diseñada por José Luis Fernández del Amo, arrasada por el incendio de El Burguillo (© LinkedIn | Bruno Fernández del Amo)
Es por ello que tanto arquitectos como urbanistas deben trabajar en conjunto con ingenieros forestales que conocen la zona y el medio para poder valorar la posibilidad de generar nuevos desarrollos con una capacidad de resiliencia suficiente que se adecúen a cada contexto. Por ello, se necesita desarrollar un punto de vista cuyo enfoque sea capaz de atravesar todo el ciclo de vida del proyecto, desde la planificación hasta el mantenimiento a largo plazo.

Barrios enteros calcinados en los incendios de California de 2025 (© RTVE)
El primer punto a tener en cuenta en estos entornos es el conocido como “defensible space”. Este concepto involucra tanto la limpieza como la poda y el diseño del perímetro más inmediato en base a tres zonas escalonadas que permiten reducir al máximo la vegetación combustible. La primera de las zonas, ubicada en el entorno de 0 a 1,50 metros del espacio construidos se mantiene completamente libre de vegetación y elementos inflamables. La segunda zona llega hasta los 10 metros de distancia y reduce la intensidad de las plantas, empleando al mismo tiempo grava y elementos resistentes. La última de estas tres zonas llega hasta un radio de 30 metros, donde los árboles se encuentran dispersos, evitando plantear alineaciones densas, priorizando en ellas especies nativas de bajo riesgo.

Diagrama explicativo de las medidas aconsejables y las obligatorias (© MITECO)
El segundo punto nos habla de la construcción en si de las viviendas, generando con ello una arquitectura que protege. Materiales cerámicos como las tejas para las cubiertas, el ladrillo visto en fachada o los revocos que nos permitan evitar el uso de elementos inflamables en fachadas y cubiertas que permitan una mayor propagación del fuego. De igual manera, elementos de madera tratada permiten reducir el riesgo de pérdida material directa en las viviendas, pues su elevada resistencia al fuego permite reducir en enteros las posibilidades de una catástrofe mayor.

Vivienda con madera tratada mediante quemado en fachada y cubierta metálica (© Ecohabitar)
De igual manera, debemos ser conscientes que todas estas estrategias permiten la prevención del riesgo en cierto grado, sin eliminarlo por completo. Por ello, es necesario y clave la planificación de un entorno urbano que permita el acceso a los equipos de emergencia, así como el diseño de rutas de evacuación claras que eviten el embotellamiento general. La orografía de algunos de los entornos en los que se han desarrollado los últimos fuegos ha impedido el acceso rápido de equipos de emergencia para combatir la propagación.

Bomberos forestales durante las jornadas de extinción de incendios (© RTVE)
Además, el uso de nuevas tecnologías y elementos de visualización y diseño en 3D deben permitirnos la simulación de situaciones de emergencia para poder conocer de antemano los principales riesgos y las posibles deficiencias de la planificación y el diseño que se pretende ejecutar, dando la posibilidad de reordenar el conjunto y buscar nuevas alternativas que mejores el comportamiento del entorno.

Herramienta Weather Map Site para simular incendios y su propagación (© ESRI España | Weather Map Site)
Sin embargo, no podemos dejar de destacar que las pérdidas materiales en inmuebles y entornos construidos suponen una parte muy pequeña dentro de la devastación generada por las llamas a su paso por los entornos naturales. Es en estas zonas donde el cumplimiento del deber de las administraciones públicas debe ser ejecutado de manera impoluta para poder lograr reducir al mínimo las pérdidas generadas por los incendios en nuestros entornos naturales.

Viviendas que sobreviven al incendio en Los Gallardos de Almería (© El Heraldo de Aragón)
Con todo ello, no podemos olvidar que el “riesgo cero” no existen, pero si podemos buscar estrategias de planificación, desarrollo y construcción que, más allá de la sostenibilidad, permitan adoptar una perspectiva resiliente frente al riesgo que este tipo de catástrofes plantean en entornos rurales construidos en las proximidades de las zonas naturales.
Fotografías de Diario de Almería, Diario de avisos, Nuevo Estilo, MITECO, LinkedIn, RTVE, Ecohabitar, Weather Map Site y el Heraldo de Aragón
Arquitectura y urbanismo frente al fuego: estrategias de diseño resiliente








