Diseñado por Langarita-Navarro Arquitectos, en un paisaje costero azotado por el viento Atlántico, esta vivienda se integra en la topografía y la vegetación explorando una arquitectura que busca habitar el territorio integrandose en el lugar
El protagonista de este proyecto es un paisaje costero excepcional: denso, escarpado e inexpugnable, moldeado durante siglos por la fuerza constante del viento Atlántico. Este entorno natural, de carácter indómito, inspira la propuesta arquitectónica y se convierte en el punto de partida del proyecto. A partir de esta premisa surge la idea de habitar bajo un espeso estrato vegetal, buscando un equilibrio entre presencia y discreción. La vivienda se concibe con el objetivo de alcanzar una escala considerable sin imponerse visualmente al paisaje, apelando además a un comportamiento inesperado de los materiales y de las formas constructivas.

Cubierta y topografía
La cubierta adopta la forma de una gran sección de terreno que parece elevarse suavemente sobre una losa estructural de hormigón. Esta estructura soporta la carga de una cubierta vegetal intensiva que permite restituir la vegetación preexistente del lugar. La geometría en zigzag de la cubierta permite salvar grandes luces estructurales reduciendo su peso propio, al tiempo que genera una sensación de ligereza sorprendente. El resultado recuerda a una superficie flexible, casi como una tela ondulada por la acción del viento.

Vegetación restituida

Vista interior
La organización interior de la vivienda se resuelve mediante una serie de muros paralelos que estructuran la planta y que apenas rozan la cubierta desde su parte inferior. Esta disposición no solo define los espacios y usos de la casa, sino que también permite gestionar los vientos dominantes de poniente y levante. Gracias a grandes paños de vidrio practicables, es posible abrir o cerrar la vivienda según las condiciones climáticas, adoptando una actitud de exposición o de protección frente al viento, de forma similar al comportamiento de una embarcación frente a las corrientes.

Geometría y ligereza
El volumen principal se eleva ligeramente y se incrusta en el terreno, proyectándose hacia el mar como la proa de un barco que se apoya sobre el prisma tallado de una poza de granito. Desde este punto se despliega una secuencia de gradas y escaleras que conducen hacia la piscina y el terreno natural. El acceso se produce a través de un patio abierto al mar, donde una amplia escalera helicoidal asciende alrededor de un frondoso jardín protegido del viento.

Secuencia e integración

Materialidad
La materialidad del proyecto combina muros de cal, planos horizontales de hormigón, acero reflectante y carpinterías oscuras. Esta selección de materiales dificulta la percepción de la vivienda desde el mar, permitiendo que, oculta entre la vegetación, se mimetice con los colores de los arbustos y la roca calcárea del entorno.

Estrato vegetal
Finalmente, el componente vegetal se reconstruye mediante la plantación de especies autóctonas de bajo consumo hídrico tanto en el espacio libre de la parcela como en la cubierta ajardinada. Con el paso del tiempo, esta estrategia busca devolver al paisaje la imagen previa a la construcción y contribuir a mejorar el comportamiento térmico de la vivienda gracias a los procesos naturales de evapotranspiración del conjunto vegetal.

Vista de volumen
Langarita-Navarro Arquitectos
Fotografías de Luis Díaz Díaz
Casa PS50: paisaje construido









