La sustitución de un antiguo bloque residencial da lugar a dos nuevos edificios que recuperan el carácter abierto y verde del entorno, articulados en torno a un espacio común que favorece el encuentro y la vida colectiva

Los dos volúmenes definen un espacio central destinado al encuentro entre los residentes
En Rapperswil, un antiguo edificio de viviendas construido en 1960 dio paso a una nueva operación residencial promovida por la Cooperativa de vivienda Gallus. Frente a la posibilidad de una renovación costosa, el proyecto ganador del concurso planteó una sustitución completa que permite aprovechar mejor el solar y aumentar la oferta hasta 20 viviendas. Igual&Guggenheim optaron por dividir el nuevo volumen en dos edificios de cuatro plantas, una decisión que permite mantener la escala del entorno y conservar su condición de barrio abierto.

Plano del conjunto desde el entorno residencial de Rapperswil
Los dos cuerpos, de geometría compacta y ligeramente desplazados, construyen una situación intermedia que es tan importante como los propios edificios. En lugar de ocupar el terreno con una única pieza, la disposición libera un espacio central ajardinado que funciona como lugar de acceso, encuentro y relación. El pequeño pabellón destinado a bicicletas y las zonas de estancia completan este ámbito común, mientras que la vegetación establece una continuidad con los jardines de las parcelas vecinas. La propuesta convierte así el espacio libre en parte esencial de la arquitectura.

Planta baja y espacio exterior
Esta manera de trabajar entre edificio y paisaje conecta con una preocupación constante en la trayectoria de Igual&Guggenheim. El estudio, fundado en Zúrich en 2004, ha desarrollado buena parte de su trabajo en torno a la vivienda y los proyectos urbanos, buscando revisar las tipologías residenciales y responder a las particularidades de cada emplazamiento. Para los arquitectos, la arquitectura debe considerar simultáneamente las condiciones físicas del lugar y las necesidades de quienes lo habitan.

Las zonas comunes incorporan una paleta de materiales y colores más intensa
En Ginger&Fred, esa aproximación se manifiesta también en la relación entre las viviendas y el exterior. Las logias se integran en el volumen y quedan protegidas por la propia geometría de los edificios, evitando la imagen de fachadas pobladas de elementos añadidos. Desde el interior, las zonas de estar, comedor y cocina forman espacios amplios y continuos, mientras que la distribución permite adaptar las viviendas a diferentes formas de vida.

La elección de materiales y colores establece una continuidad visual entre exterior e interior
La arquitectura exterior apuesta por una imagen serena y reconocible. El revoco gris, trabajado con una textura vertical de tonalidad verdosa, dialoga con la vegetación circundante. Las grandes aperturas, las contraventanas y los elementos de hormigón introducen profundidad en la fachada, mientras que las cubiertas planas con amplios aleros refuerzan la escala doméstica del conjunto. La compacidad de los volúmenes contribuye además a una construcción eficiente, complementada con aislamiento de la envolvente, bomba de calor geotérmica y aprovechamiento de energía solar.

La materialidad interior combina parquet de roble, superficies claras y detalles de madera
Más que reproducir el edificio existente, Ginger&Fred aprovecha la sustitución para transformar la relación entre vivienda y espacio exterior. Los dos edificios actúan como límites de un jardín compartido y, al mismo tiempo, como piezas independientes dentro del tejido residencial. El resultado es una intervención que entiende la densidad no como una mayor ocupación del suelo, sino como la posibilidad de concentrar vivienda manteniendo espacios libres capaces de generar comunidad.

El pequeño pabellón destinado al aparcamiento de bicicletas se integra en el espacio ajardinado del conjunto
Escrito por María Unceta desde Zúrich
Fotografías de Lukas Murer
Ginger y Fred: dos edificios de Igual&Guggenheim que construyen un jardín común 









