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La vivienda obrera moderna como instrumento de dominación

El Ilmo. Sr. D. Juan Calduch, Doctor Arquitecto por la E.T.S. de Arquitectura de la UPV y Catedrático de Composición Arquitectónica, nos envía esta interesante reflexión sobre la evolución de la vivienda obrera moderna como elemento de dominación económica, física y mental

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El Ilmo. Sr. D. Juan Calduch, Doctor Arquitecto por la E.T.S. de Arquitectura de la UPV y Catedrático de Composición Arquitectónica, nos envía esta interesante reflexión sobre la evolución de la vivienda obrera moderna como elemento de dominación económica, física y mental

"Não acredito em arquitetura social em país capitalista. Nela existe paternalismo e o pior, a intenção perversa de amortecer velhas e sofridas reivindicações"
Oscar Niemeyer, As curvas do tempo. Memórias, Revan, Rio de Janeiro, 1998 (7ª edic. 2000) (p. 248).

"En la vivienda se revela particularmente el verdadero rostro de la clase dominante"
Hannes Meyer, El arquitecto en la lucha de clases y otros escritos, Gustavo Gili, Barcelona 1972 (p. 179).

"La vivienda es el espejo más inmediato y más cruel de cualquier ser humano"
Bruno Taut, Una casa para habitar, Universidad de Navarra, Pamplona, 2015 (p. 4).

Alexander Klein: Análisis de una serie tipológica (Tipo 2) con crecimientos progresivos de la profundidad de edificación y de la superficie útil (1930)
FIG. 1: Alexander Klein: Análisis de una serie tipológica (Tipo 2) con crecimientos progresivos de la profundidad de edificación y de la superficie útil (1930)

Un hito fundamental de la arquitectura moderna es la vivienda, y de una manera especial, la vivienda social porque supuso un destacado logro de la clase obrera respecto a las condiciones de hacinamiento e insalubridad de los tugurios donde vivían los trabajadores en las ciudades industriales del siglo XIX. Las mejoras en las condiciones higiénicas y sanitarias, impulsadas por las devastadoras epidemias que habían azotado a la sociedad durante esa centuria, fueron su aportación más importante. Lo que se llamaba el “problema de la vivienda” alcanzó una destacada prioridad en el ámbito de la arquitectura moderna durante las décadas de entreguerras (1919-1939). Las masivas construcciones de Höffen de la Rote Wien (Viena Roja), el fundamental papel de los sindicatos con Martin Wagner y Bruno Taut en Berlín, el protagonismo de Ernst May en Frankfurt, la consolidación de Ámsterdam-Sur y los trabajos de Oud en Rotterdam, los ensayos soviéticos de Ginzburg y su equipo, la muestra de la Weissenhofsiedlung de Stuttgart, los sistemáticos trabajos de Alexander Klein (fig. 1) y el análisis de la vivienda racional en los CIAM de Frankfurt (1929) (fig. 2) y Bruselas (1930) son algunos de los ejemplos más representativos y conocidos. Transcurrido un siglo de estas experiencias tal vez ha llegado el momento de hacer una nueva reflexión.

FIG. 2: La vivienda para el mínimo nivel de vida. CIAM (Frankfurt, 1929): Tipos de viviendas racionales mínimas en París, Madrid, Karlsruhe y Stockholm.

FIG. 2: La vivienda para el mínimo nivel de vida. CIAM (Frankfurt, 1929): Tipos de viviendas racionales mínimas en París, Madrid, Karlsruhe y Stockholm

En cada etapa histórica la familia ha sido la célula social y productiva. Y el tipo de casa más generalizado aloja al modelo de familia que responde al sistema de producción concreto. Esto se ve, por ejemplo, en el caserío rural con almacenes, graneros, corrales y establos, que alojaba una familia amplia de varias generaciones, incluidos los jornaleros, o en la morada artesana, con el obrador, la tienda y el taller incorporados, donde los ayudantes y aprendices no sólo trabajaban allí sino que, normalmente, también vivían.

El capitalismo industrial del siglo XIX consagró un modelo de familia (monogámica compuesta sólo por padres e hijos, con los roles bien definidos de cada miembro), y estableció el tipo de vivienda idóneo para él: la vivienda burguesa que aloja  a los sirvientes, criados… En consecuencia, quienes no responden a ese modelo familiar (emigrantes, parados, ambulantes, vagabundos…) se les considera marginados y, por lo tanto, no tienen opción a una casa: son los “sin techo”.

En esta sociedad el trabajador se ha visto arrastrado por la cultura dominante a reproducir esa estructura familiar y a interiorizar ese tipo de vivienda burguesa. A partir de estas premisas surgen los desajustes. El proletario ya no es el artesano que vive en la casa-taller, ni el campesino residiendo en la casa-granja, sino que aspira a imprimirle a su vivienda familiar un carácter pequeño-burgués. El trabajo doméstico ya no forma parte del trabajo productivo y, por lo tanto, lo tienen que asumir los miembros del grupo familiar que están en inferioridad de condiciones: las mujeres.

La racionalidad industrial traslada la idea de rentabilidad a la familia como núcleo de reproducción de la fuerza de trabajo. En consecuencia, los miembros improductivos de la familia trabajadora se marginan: ancianos, discapacitados, dependientes, niños… Esto implica: por un lado, que el cuidado que necesitan se considera parte del trabajo doméstico y, por el otro, que el modelo de vivienda mínima no prevé espacios específicos para ellos. El resultado es que son apartados de la familia y de la casa familiar sin que la sociedad haya asumido de forma efectiva su derecho a un alojamiento digno. Sólo hay que pensar en las residencias de ancianos y el trágico protagonismo que están desempeñando en la actual situación que ha puesto en evidencia su realidad.

En el sistema económico vigente, y en contra de los principios que se proclaman oficialmente, la casa no es en realidad ni un servicio público ni un derecho efectivo sino un producto comercial más y, como tal, se rige por las mismas leyes del mercado. Por consiguiente la arquitectura residencial debe atenerse a idénticos criterios que la producción, comercialización y distribución general: taylorismo, optimización de recursos, abaratamiento de costes, industrialización, cadena de montaje, máxima rentabilidad, segregación y diferenciación del emplazamiento según los destinatarios, estándares de calidad en función de los clientes, canales de difusión orientados a los potenciales compradores, publicidad selectiva en base a los nichos de mercado, etc.

FIG. 3: Francisco Muñoz,  Mil viviendas. Vivienda tipo (Alacant, 1959)
FIG. 3: Francisco Muñoz,  Mil viviendas. Vivienda tipo (Alacant, 1959)

La asunción del modelo social burgués por el obrero le lleva a querer imitarlo aspirando a convertirse en propietario de su residencia. Pero como él no puede producir directamente su propia casa tiene que acudir al mercado sin tener la capacidad económica suficiente para ello. Por lo tanto, en esta estructura socio-económica la vivienda se convierte en un modo de sobreexplotación doble: por un lado las plusvalías extraídas por su condición de trabajador y, por el otro, la de su conversión en propietario endeudado mediante préstamos que lo ponen a merced del entramado bancario, financiero e hipotecario.

FIG. 4: Vicente Valls, Joaquín García Sanz, viviendas en el polígono Caramanxel, tipo T86 para ocho personas, 81,11 m2 (Alcoi, 1973)
FIG. 4: Vicente Valls, Joaquín García Sanz, viviendas en el polígono Caramanxel, tipo T86 para ocho personas, 81,11 m2 (Alcoi, 1973)

La vivienda obrera moderna se mueve en estas contradicciones. Imita el modelo de vivienda burguesa pero convertida en su caricatura al tener que reducir sus estándares de superficie y calidad al mínimo (figs. 3, 4) para que la mercancía-casa sea rentable y entre en el magro mercado accesible a la clase obrera que quiere ser burguesa y propietaria pero no dispone del capital mínimo necesario para comprarla. Todo el entramado de financiación, subvenciones, ayudas, préstamos, hipotecas, toda la normativa de diseño y calidad, todo la oferta de tipos residenciales en el mercado, son el resultado de esta parodia.

FIG. 5: E. Alegre, V. Bueso: Grupo de Viviendas de promoción pública en La Malvarrosa (València, 1949, 1952-59)
FIG. 5: E. Alegre, V. Bueso: Grupo de Viviendas de promoción pública en La Malvarrosa (València, 1949, 1952-59)

En resumen: la vivienda mínima obrera moderna, tal como ha cristalizado históricamente entre nosotros, hipoteca al obrero económicamente, le lleva a asumir un determinado modelo social de familia y le hace vivir en un simulacro de residencia burguesa con graves carencias y que adolece de estándares, superficies y equipamientos mínimos y suficientes. De este modo la casa obrera moderna se convierte en un sutil modo de dominación tanto económica como mental y física (figs. 5, 6). La trágica realidad de estos alojamientos se ha puesto bruscamente en evidencia durante el reciente confinamiento por la pandemia, donde los que lo han sufrido de una manera más trágica han sido, precisamente, los habitantes de los barrios y las viviendas obreras.

FIG. 6: Patio de manzano llamado Plaza (sic) de la Orotava (València)
FIG. 6: Patio de manzano llamado Plaza (sic) de la Orotava (València)

Sin embargo, en nuestra sociedad actual la familia monogámica y heterosexual (reducida a padres e hijos), está perdiendo su condición dominante como consecuencia de los cambios en los modelos económicos emergentes de la llamada globalización, donde ya no resulta necesaria, y empieza a ser reemplazada por otros modelos familiares que se están generalizando: monoparentales, individuales, parejas, grupos, etc. En consecuencia el tipo de vivienda obrera como encogimiento de la casa burguesa no responde a los modos de vida y a las necesidades de grandes capas de la sociedad que reclaman otras soluciones residenciales. Y, sin embargo, la inercia mercantil sigue sin ofrecer suficientes alojamientos no convencionales que respondan a esas demandas crecientes de los trabajadores y asalariados (fig. 7). Romper las dinámicas enraizadas y fuertemente trabadas entre la casa-mercancía, el usuario-propietario y el tipo de vivienda obrera, para encontrar soluciones adaptadas a la realidad actual se está demostrando como un nudo político-económico casi irresoluble dejando un rastro siniestro de desahucios, infraviviendas, casas-patera, chabolismo encubierto, etc. Con el agravante de las nefastas consecuencias sociales y urbanas que todo esto acarrea.

FIG. 7: Panel de anuncios de venta y alquiler de viviendas en una inmobiliaria
FIG. 7: Panel de anuncios de venta y alquiler de viviendas en una inmobiliaria

Juan Calduch

 

 

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