En las laderas de Rionegro el Refugio del Ocaso emerge como una arquitectura que no busca destacar, sino pertenecer. Diseñado por Bon Studio, este proyecto propone una experiencia de habitar profundamente ligada al tiempo, la materia y la contemplación
El proyecto Refugio del Ocaso, diseñado por Bon Studio, se presenta como una obra que dialoga con el paisaje desde la contemplación y la sensibilidad material. Ubicado en Rionegro, Antioquia, ha sido concebido como un espacio de retiro inmerso en un entorno natural donde la luz del atardecer adquiere un papel protagónico, guiando tanto su implantación como sus decisiones formales. Más que un volumen construido, se trata de un ejercicio de sensibilidad donde la luz guía las decisiones espaciales y los materiales dialogan con su entorno.
La arquitectura se configura a partir de un volumen sobrio y horizontal que busca integrarse con la topografía en lugar de imponerse sobre ella. Esta estrategia se refuerza mediante una cuidada selección de materiales: superficies en tonos terrosos y verdosos, madera y elementos pétreos que envejecen de manera singular, permitiendo que el refugio se funda progresivamente con su contexto.
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su estrecha relación con la luz natural. Como su nombre lo sugiere, el Refugio del Ocaso está orientado estratégicamente para capturar los últimos rayos del día. Amplias aperturas horizontales y verticales enmarcan el paisaje y permiten que la luz penetre -también por lucernarios- profundamente en el interior, generando una atmósfera cálida, cambiante y profundamente vinculada al paso del tiempo.
El espacio interior se organiza de manera fluida, evitando divisiones rígidas. La planta se estructura a partir de un amplio corredor central que articula y separa las áreas privadas de las sociales. Hacia el costado derecho se disponen las zonas comunes -cocina, comedor, sala, así como los espacios exteriores asociados- junto con los cuartos de servicio. En contraste, las áreas privadas se ubican hacia el extremo izquierdo, garantizando intimidad sin perder la conexión con el paisaje. La continuidad entre interior y exterior se refuerza mediante terrazas y balcones que amplían las posibilidades de uso y habitar.
La expresión material refleja una arquitectura que valora tanto el concepto como su ejecución. Cada elemento evidencia un cuidado por el detalle y una coherencia constructiva que fortalece la propuesta. Asimismo, se percibe una clara preocupación por la sostenibilidad, no solo en la selección de materiales locales, sino también en la incorporación de estrategias pasivas de iluminación y ventilación que reducen la dependencia de sistemas artificiales.
Con una superficie de 335 metros cuadrados, el Refugio del Ocaso trasciende su función básica de alojamiento para convertirse en una experiencia sensorial. Bon Studio logra articular una arquitectura donde el protagonismo recae en la naturaleza, la luz, la sombra y el paso del tiempo. Más que un objeto arquitectónico, el refugio se configura como un dispositivo para habitar el paisaje, invitando a la pausa, la contemplación y la reconexión con el entorno.
Escrito por María Carla Flórez Jiménez desde BOGOTÁ D.C.
Fotografías de Mateo Soto
Fotografía de Mateo Soto








