La roca extraída durante la excavación vuelve a convertirse en arquitectura, el viento condiciona la forma construida y el paisaje deja de ser una vista para ser el verdadero protagonista del proyecto

La fachada como extensión del terreno
En un momento en el que gran parte de la arquitectura residencial continúa luchando por destacar mediante la forma, esta casa proyectada por el estudio Mesura en la costa mediterránea catalana, plantea una actitud radicalmente distinta: escuchar antes de diseñar.

Plano de situación
Situada en el límite de una reserva natural, la vivienda se enfrenta a dos condiciones determinantes. Por un lado, una topografía abrupta dominada por grandes afloramientos rocosos. Por otro, un viento constante que ha moldeado históricamente tanto el paisaje como las construcciones de la zona. Frente a estos condicionantes, el proyecto renuncia a la idea de controlar el entorno y opta por establecer un diálogo directo con él.

La casa se abre a las vistas y se ancla a la roca existente
Con cerca de 380 m², la vivienda se desarrolla en una única planta, siguiendo las normativas y la tradición edificatoria local. Sin embargo, lejos de adoptar una geometría convencional, la vivienda se fragmenta y adapta su perímetro a la configuración natural del terreno. Esta decisión no responde únicamente a criterios paisajísticos; también permite que las corrientes de aire circulen entre los volúmenes, reduciendo el impacto del viento sobre la construcción.

Volumetria exterior fragmentada
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es su estrategia material. Durante la excavación del garaje se extrajo una gran cantidad de piedra del propio solar. En lugar de convertirse en residuo, este material se reincorpora al edificio y da forma a los muros perimetrales. La operación convierte el proceso de excavación en el primer acto constructivo, estableciendo una continuidad física entre el terreno y la arquitectura.

Implantación del volumen en el terreno
Estos cerramientos se construyen mediante técnicas tradicionales de piedra seca, un sistema ancestral profundamente arraigado en el paisaje mediterráneo. La ausencia de morteros permite que los muros trabajen por gravedad, absorban pequeños movimientos del terreno y favorezcan la evacuación natural del agua. Más allá de su valor constructivo, la piedra adquiere aquí una dimensión cultural: conecta la vivienda con los antiguos bancales agrícolas y con las formas históricas de habitar este territorio.

Piedra procedente de la excavación como material de fachada
La relación con el paisaje se extiende también a la organización espacial. Cada estancia establece un vínculo específico con el exterior mediante aperturas cuidadosamente orientadas. Algunas enmarcan las vistas hacia el parque natural y el mar, mientras que otras generan espacios más protegidos e íntimos. El resultado es una vivienda que alterna momentos de contemplación y refugio, reforzando la sensación de pertenencia al lugar.

Volumetria en maqueta
Especialmente interesante es la secuencia de acceso diseñada por Mesura. Los propietarios utilizan habitualmente una entrada funcional conectada con el garaje excavado en la roca. Los visitantes, en cambio, recorren un camino ascendente que atraviesa la formación rocosa hasta alcanzar la terraza y la piscina. La llegada se transforma así en una experiencia paisajística que revela progresivamente la relación entre la casa y su entorno.

Vista del interior
En contraste con la contundencia mineral del exterior, los interiores desarrollados junto a Nora Batlle adoptan un lenguaje sereno y esencial. Materiales naturales, tonalidades neutras y una presencia constante de la luz mediterránea construyen espacios donde la arquitectura actúa como soporte silencioso de la vida cotidiana. La piedra, la madera, la cerámica y los textiles naturales contribuyen a reforzar una atmósfera de calma que prolonga la experiencia del paisaje hacia el interior.

Atmósfera de calma en el abrupto paisaje
Balma Murada demuestra que la sostenibilidad puede entenderse más allá de la eficiencia energética o la innovación tecnológica. Aquí se manifiesta a través del aprovechamiento de los recursos disponibles, la reinterpretación de técnicas constructivas tradicionales y el profundo respeto por las condiciones específicas del lugar. Una arquitectura que no busca imponerse sobre el paisaje, sino formar parte de él. Ahí reside su mayor virtud; a veces, el gesto más contemporáneo consiste simplemente en aprender a escuchar el territorio.

Integración de las cubiertas con su entorno
Fotografías de Rory Gardiner
Mesura y el arte de construir desde el contexto en casa Balma Murada









