El proyecto de Marta Peris y José Toral de 85 viviendas sociales en Cornellà de Llobregat, Barcelona, se ha convertido en un ejemplo de arquitectura residencial adaptable e inclusiva, basada en la creación de una secuencia de espacios modulares, a la par que sostenible, gracias a la apuesta por la construcción con madera
El edificio, con un total de 12.815 m², que se desarrollan en 5 plantas de altura, ocupa un solar de planta sensiblemente rectangular, alrededor del cual dispone los distintos volúmenes, creando una manzana cerrada con patio central, al cual se accede a modo de plaza, atravesando el pórtico creado en uno de los laterales de menor dimensión, que actúa como elemento de transición entre lo público y lo privado.
Este patio se convierte en lugar de encuentro y relación de la comunidad vecinal, fomentando la interacción social e intergeneracional, al disponer los cuatro núcleos verticales de circulación en sus esquinas.
Las 85 viviendas se distribuyen entre estas cuatro agrupaciones, a razón de 18 viviendas por planta. El acceso a las mismas se produce a través de terrazas privadas que ocupan el anillo recayente al patio.
El espacio interior lo compone una matriz intercomunicada de módulos habitacionales de idéntica dimensión, unos 13 m2, con un total de 543 cédulas, 114 por planta. Esta modulación uniforme e indeterminación funcional ofrece una gran flexibilidad a la hora de responder a las distintas necesidades derivadas de las diversas formas de habitar. Además, permite crear una crujía óptima para la construcción de la estructura de madera por la que apuestan los arquitectos.
Cada vivienda dispone de 5 o 6 módulos, en función de si disponen de una o dos habitaciones, disponiendo en todos los casos la cocina en la unidad central, convirtiéndose en el corazón de cualquier hogar, apostando por la igualdad y falta de jerarquía.
De este modo, la circulación interior de las viviendas se producen directamente entre módulos, eliminando los corredores, consiguiendo un aprovechamiento máximo de la superficie construida.
Todas las tipologías son pasantes, disponiendo en la fachada exterior nuevas terrazas, que crean otro anillo concéntrico, proporcionando a la vivienda un espacio privado al aire libre al que se abren los espacios interiores con grandes ventanales, que a su vez garantizan ventilación cruzada y una gran cantidad de luz natural.
La disposición de persianas tipo Barcelona, combinadas con planchas de rejilla metálica en el perímetro exterior de las terrazas, colabora en el control del soleamiento, además de favorecer también el aislamiento acústico, así como la posibilidad de otorgar una mayor privacidad a los vecinos.
La diferencia de altura entre algunos volúmenes se aprovecha para disponer nuevos espacios de esparcimiento.
El edificio apuesta por la sostenibilidad, con una estructura de madera de KM0, procedente del País Vasco, que ha optimizado el uso del material, habiendo requerido tan sólo 0,24 m3 por m2 de superficie construida, un total de 8.300 m2.
Esta estructura, además de reducir el impacto ambiental de la construcción, permitió reducir los plazos de ejecución, consiguiendo a su vez una elevada calidad.
Los acabados interiores son muy neutros, combinando los paramentos lisos blancos con las texturas y colores de la madera natural, que queda vista en muchas ocasiones.
En los espacios comunes la calidez de la madera se combina con las texturas duras y frías tanto del acero como del hormigón, destacando la variedad de formatos: chapas grecadas, planchas perforadas, mallas alámbricas, placas prefabricadas, bloques de hormigón, etc.
Imágenes de José Hevia
Cuando modular es sinónimo de flexibilizar








